Como fui madre

¿Cómo llegué a ser madre? Seguramente lo primero que te viene a la mente es algo hermoso, en mi caso no del todo.

 

Madre desde el 2011 de bebés prematuros extremos, de 26.4 semanas de gestación. Primer embarazo, una preciosa princesa que ya tiene más de 4 años y una pequeña luz en la montaña que nos arropa siempre. En el 2013, repetimos maternidad, otra preciosa niña que nos alegra junto con su hermana todos los días.

 

Desde muy joven he tenido las ganas de ser madre, de vivir un embarazo (bueno más bien siempre he querido tres) y sola o en pareja llevarlo a la realidad. Por suerte fue con mi pareja y con muchas ganas decidimos tener hijos. Así que manos a la obra… el método divertido está muy bien pero cuando llevas varios meses intentándolo y nada, y ves que a tu alrededor la gente se embaraza de la forma más fácil y rápida posible empiezas a mosquearte y a pensar que algo no va bien. A mi marido la mosca detrás de la oreja se le instaló a los 5 o 6 meses de ir intentándolo. Así que visita al ginecólogo, control, revisión, analítica hormonal, resultado “Eli estás estupenda, así que no os obsesionéis”. De todos modos y a modo de descarte nos mandó a hacer una prueba, seminograma. SORPRESA, alteración genética que implica una ausencia total de espermatozoides. No sé a quién le cayó peor la bomba, si a mi marido o a mí misma. A él por la sensación de “soy una mierda, no valgo para nada, nunca podré darte un hijo” o a mí “no me podré quedar embarazada?”. Fue un momento muy duro, visitas médicas, pruebas, descartes, intervenciones… Al final y gracias a una especialista en andrología dimos con la raíz del problema y la buena noticias es que podríamos tener nuestros propios hijos, sólo que en vez del método divertido sería con ayuda de la ciencia y de los médicos. Así pues allí fuimos y después de invertir dinero, hacer realidad nuestro sueño de ser padres. En el segundo tratamiento de fertilidad apareció nuestro mejor regalo de año nuevo, un test de embarazo positivo!!!! Y como regalo de reyes dos saquitos que latían con muchíiisima fuerza. Ahí estaban, felicidad plena para los papis y la familia.

 

El primer trimestre con cuidado, molestias, vómitos, pérdidas y algún susto que no era más que dentro de la normalidad pero que te tenían siempre con el corazón encogido. A partir de la semana 14 todo fue mejor, la noticia de que los gemelos eran niño y niña nos tenía locos. Todo lo que hacíamos era pensando ya en ellos, en su comodidad. Hasta que llegó un martes de junio y empezé a encontrarse mal… al principio lo relacionaba con el cansancio, un fin de semana ajetreado, pero a media tarde ya no lo veía normal así que visité de urgencias a mi ginecólogo, respuesta “estas de parto, con contracciones y dilatada de 4cm” mi cara fue de “no toca aún”.  Me fui para la Mutua pero en Terrassa no atienden partos antes de la semana 28, yo estaba en la 26, traslado a Barcelona de forma urgente, recuerdo que caía una monumental, tormenta de las guapas. Llegamos a la Casa Maternidad del Clínic y me hicieron el ingreso. En el control ya me había dilatado unos cuantos centímetros más así que directa a la sala de partos, epidural, antibiótico y procurar ni soltarse un aire para que los babies no salieran. Así 48 horas hasta que se confirmó que había infección en las bolsas de los peques. Hay que hacer cesárea, con la mala suerte de tener una broncoaspiración… después de 48 horas con la epidural, sin moverme, habiendo comido (un fallo), sedación total durante la cesárea, mala entubación y vomitera... se me encharcaron los pulmones. Se iniciaba una nueva etapa, lo que tenía que ser un acto de felicidad se convirtió en un drama, los bebés para la UCIN esperando que todo fuera bien y la mami para la UCI esperando que sobreviviera. Mami lo hizo, no me digáis porqué pero aquí estoy dando guerra. Y mis hijos pues tuvieron que luchar para sobrevivir. Lia estupenda ya con más de 4 años, Pau no tuvo tanta suerte y después de luchar como un gran campeón a los 45 días, mes y medio antes de la fecha que tendría que haber nacido, murió. Es una estrella que nos guía siempre, una luz en mi ventana.

 

Fue una época muy dura, por desgracia tampoco los tenía en el mismo hospital por lo que me pasaba el día entre uno y el otro y me daba la sensación que no podía atender ni a uno ni al otro. Y en todo ese proceso no teníamos a nadie que nos diera un empujón, que no se nos enfade la familia/amigos porque estuvieron ahí los que tenían que estar, pero otro tipo de ayuda. Alguien que hubiera vivido esa experiencia para decirnos “tranquilos son fuertes y vivirán”. No nos podemos quejar de la mayoría de neonatologos y enfermeras que atendieron a nuestros retoños, pero de algunos sí que les quitaba el título rápidamente y con las formas de dirigirse a los padres en esos momentos. Hay gente que no vale para estar en una UCIN.

 

Fuí capaz, después de todo, de producir leche materna, por lo que Lia pudo ir creciendo con su mejor alimentación. Después de 72 días nos dieron el alta, nos íbamos a casa con nuestra pequeñina. Que ganas y a la vez que miedo… Nos esperaba una época de revisiones, controles que no es lo habitual. Pero por suerte todo ha ido muy bien y podemos alegrarnos de que ahora mismo es una niña normal con un antecedente muy especial.

 

Pues con todo esto, quisimos repetir. Volvimos a pasar por un tratamiento de fertilidad, cuando nos dejaron ya que yo había tenido una cesárea y hay unos tiempos de curación. Del primer tratamiento teníamos embriones congelados y tiramos de ellos, me implantaron la mejor opción y ahí se quedó. Otro perfecto positivo y ésta vez con muchos más controles. Fue todo bastante mejor, pero a partir de la semana 26 surgieron algunas alertas de que se podía repetir un parto prematuro, así que más precauciones, reposo y a esperar con la mayor tranquilidad posible. Nuestra peque, Ada, no quiso darse la vuelta, así que de culo vino al mundo. Mi ginecólogo, como conocía mi historia y sabía que prefería evitar otra cesárea me propuso un parto de nalgas. Como yo no iba a llegar a la semana 40, directamente lo planificamos para la semana 37. Tengo que decir que cuando llegué al día acordado ya estaba de parto y dilatada de 4 cm. Por lo que simplemente nos aseguramos que me atendiera mi ginecólogo y que fuera un parto vaginal. En mi estado, si hubiera llegado de urgencias sin estar mi médico me hubieran practicado otra cesárea, y no quería. Reconozco que un parto de nalgas no es fácil. Al día siguiente tenía agujetas hasta donde no os podéis ni imaginar. Pero lo logramos! Y por fin teníamos a las dos pequeñinas, mellizas por creación pero nacidas en dos años distintos. Que felicidad. Ha sido una locura hasta el día de hoy, pero contenta y feliz por tenerlas aquí.

 

Y así, en resumido, es la historia de como yo he llegado a ser madre.

 

 en redes sociales :

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Elisabeth Guerrero Franco